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lunes, 13 de diciembre de 2010

Que de pavadas

Es la historia, lo que a uno le marca el camino. Cada paso por dar, cada decisión que tomar. Incluso, cuando se habla de amor.
Ese tema universal y arcaico, idealista, que ni Marx, ni Hitler, ni el Che, sumando todas sus pasiones doctrinales, y hasta enfermizas, pueden generar más imaginaciones que el amor.
A tal punto llega esto, que podemos tener una relación de las mil maravillas, de 200 historias apasionadas que recordar a cada momento, infinitudes de planes románticos para decorar una vida que a veces parece, redundantemente, el decorado de algo que tenemos esperando morir.
Resulta que en un abrir y cerrar de ojos, UN MINUTO siquiera, creo que fue menos, todo ese mundo de romanticismo se termina. De golpe y porrazo dirían las frases hechas.
Comienzan días tenebrosos para el alma, en que la tristeza, los recuerdos, la congoja, ataca constantemente, y el cerebro se amilana, nos atamos un yunque en la espalda y cada acción cuesta un pedazo de nosotros grande, como si de dejar un brazo se tratase. Estoy hablando del desamor. De cuando ya no está. De los momentos que nos agarrotan la garganta y en el pecho parece que los pulmones se nos achican y nos comprimen por dentro. Parece que nos quedamos sin saliva, que tragamos como si en eso se nos fuera el malestar, como si lo tragasemos como comida y desapareciese. Pero no es así.
El dolor sigue y, a sabiendas, en las miserias es cuando nos inspiramos. Las musas llegan y las invitamos a pasar. Más aún, pasan sin golpear. Se sientan, se paran, corren, gritan frases celebres. Y para uno, escritor novato que encuentra manera de descargar tensiones, eso es el maná.
Resulta que se combina la inspiración mencionada con el desamor, y se nos ablanda el corazón y creemos que de amor vivimos y no hay que enredar los brazos delante del pecho, que hay que salir a la calle, hay que subirse al ring. Y estamos en el 2010, y no nos olvidemos que hasta el amor se ha modernizado...
Como conclusión uno culmina las vivencias echando mano al telefono móvil, al celular, para escribir apasionadamente un mensaje de texto esperanzador, enamorador, encantador, dejando el alma en esas palabras, tratando de tocar fibras nerviosas, de acelerarle el corazón a la otra persona, de llenarle el pecho de amor correspondido, tratando de volver a conquistarla..
Pero he aquí la falla de la trama. El protagonista de la historia, el inspirado y enamorado actor, se olvida de algo. Ningún objeto en la casa de nadie, ninguna tarea sin realizar el día anterior. Se olvida que la otra persona no se encuentra amilanada, sensible ni congojada. Es más, seguramente se encontrará durmiendo y puede que ocurra que o no se perciba de la llegada de un mensaje de texto por el sueño profundo, o bien despierte, y con las neuronas estirandose y con fiaca, no muy conectadas, no se pasen las palabras ni las emociones que estas llevan.
Como conclusión, uno termina dandose cuenta que tan poco útil fue realizar ese acto. Que para pavadas estan otras cosas y con el amor no se jode. Se disfruta. O lo hacemos en serio, o no lo hacemos. Eso de andar mandando mensajes sensibles para recomponer una relación es mucho menos que un acto de cobardía.

The Fin of catarsis.

CARPE DIEM

lunes, 26 de enero de 2009

Una típica charla catalogada existencial

Recíen llegado a mi casa, a las 7 de la mañana, luego de una buena noche de mates y charlas de absolutamente todo tipo, la conversación se centro en las creencias en la vida de la gente común, en que cree y tiene fe, si cree o no, si nacimos para algo o simplemente nos dejamos a la idea de creer que tenemos un fin marcado.
Hay una buena pregunta que surgió en medio de la charla y era si creíamos en la imaginación, inventiva, ocurrencia de Dios que se le dio por hacer dos aplausos y crear el universo, o es todo una cuestión biológica. O porque no, las dos cosas. Mi punto de vista se centraba en esta segunda opción; y se discutía si hay que creer en algo, si son ideas de la gente porque necesita tener un cable a tierra.

No me parece mal estar creyendo en Dios, Ala, Mahoma, o lo que sea con todos sus nombres. Es más, me parece necesario. Se me cruzó recién un pensamiento, recordando la charla de antes de ayer: una amiga me preguntó, en que creía, o que planes tenía de mi vida. Creo que me dijo, que mi respuesta fue que no tenía planes a futuro, sino que los llevo día tras día. En ese punto reconozco un cambio en mí este último tiempo.
El tema que destaco ahora, es una actitud, tal vez se diría, soberbia, de entender al otro por parte de la gente que cree en Dios, o en su dios. De tener una crítica del pensamiento de creer que para algo estamos y hay que planearlo. Y no es así. Me he metido en el barro del "las cosas pasan porque algo y porque tienen que pasar así", pero aún pensando esto, me resisto a creer en que simplemente estamos para eso y que no podemos tener otra manera de verlo, y el que lo ve de otra manera es un gil. Es la sensación que me dió. No nos ataquemos, seamos libres de pensar de una manera, pero es una constante que percato de la gente creyente.

Tengo cuerda para rato con este tema, y me gustaría seguir desenrollandola, asi que las proximas veces que entren seguramente estaremos planteando el origen del universo nuevamente. Ja.
Espero esten todos bien, lo espero.

Carpe diem!

SHALOM